De la Invasión al Barrio /PFC 2015-16/ David Fontcuberta Rubio + Paula Villar Pastor

Nos acercamos y mostramos una Lima dinámica desde la inmersión en cuatro niveles espaciales: la ciudad, el barrio, la calle y la casa, que presentan sus propias dinámicas de conformación, uso y significados, y sobre los que actúan personas dinámicas operando en ellos transformaciones cuyo resultado trasciende tanto la suma de acciones descritas como los límites de la disciplina arquitectónica.

1. Introducción

Para el arquitecto, un proyecto de cooperación siempre es un proyecto de arquitectura. 

Un proyecto de arquitectura, como propuesta, es un designio. Y aunque pueda parecer contradictorio, el deseo de un proyecto arquitectónico no es que un edificio sea construido. Más bien, como fin último, el designio es que en él se den los acontecimientos que han de darse entre las personas que lo habitan. Habitar, en sí, es un designio. El hecho de habitar, es lo que hace que el arquitecto piense en un lugar. Es, este pensamiento, lo que lleva e incita a la humanidad a proyectar y proponer programas arquitectónicos mediante los cuales ocupar el espacio. No obstante, uno no habita para estar ocupando un espacio; sino para que, cuando lo ocupe, los sucesos impregnen el sitio desde un contenido que deja una única constancia: el reconocimiento de poder ver el mundo que vivimos de otra manera.  

[...] Por muy dura y amarga, por muy embarazosa y amenazadora que sea la carestía de viviendas, la auténtica penuria del habitar no consiste en primer lugar en la falta de viviendas. [...] La auténtica penuria del habitar descansa en el hecho de que los mortales primero tienen que volver a buscar la esencia del habitar, de que tienen que aprender primero a habitar.  [...] Llevarán a cabo esto cuando construyan desde el habitar y piensen para el habitar.

Construir, Habitar, Pensar.

Martin Heidegger

Dentro del marco de trabajo del Proyecto de Cooperación Universitaria al Desarrollo entre la Universidad de Alicante y la Universidad de Lima, nos insertamos en la ciudad a través de la colectividad en la arquitectura y el urbanismo, conociendo así, Lima, por acciones e intervenciones en diferentes espacios. Es en el asentamiento humano de La Balanza, en el Distrito de Comas, donde la comunidad FITECA, integrada por diferentes colectivos de arquitectura, de arte, de sociología y de comunicación junto a dirigentes y habitantes del barrio, desarrollan el proyecto de desarrollo urbano e inclusión social denominado ‘Barrios Culturales La Balanza’.  En este proyecto, la arquitectura toma el protagonismo de la transformación física de las condiciones del barrio de creación informal, siendo los proyectos de ámbito colectivo, los desarrollados como palanca para ser el motor transformador del barrio, reflejo de las lógicas y estéticas del contexto. 

La cooperación y la colaboración entre los vecinos y las vecinas, los agentes culturales y los voluntarios y las voluntarias se materializa en la participación activa de cada uno de ellos, desde el pensamiento crítico ciudadano en la toma de decisiones del proyecto, hasta la construcción colectiva de los proyectos a ejecutar. Esto se viene desarrollando desde los inicios del barrio, donde la memoria de invasión y creación colectiva generó una identidad propia cultural en el barrio de trabajo comunitario. El proceso metodológico de participación y el uso de tecnologías apropiadas a la construcción con materiales del lugar viene siendo una constante en el trabajo arquitectónico del proyecto, en el que en este proyecto final de carrera de arquitectura manifestamos.

Como profesionales adaptamos nuevas pautas para el ejercicio de la arquitectura: que arquitectos y arquitectas han de bajarse, ya, del podio al que los encaramó una situación social de privilegio, para participar, no como uno más, pero sí como partícipe cualificado en un grupo de trabajo transdisciplinar con otras profesiones no menos cualificadas, y así devolver al quehacer arquitectónico la pluralidad que, desde el origen de las civilizaciones, lo ha caracterizado como quehacer común consagrado a la convivencia humana. Se acabó la imagen que Niemeyer proclamaba hace medio siglo, en un congreso de la UIA celebrado en Madrid, del arquitecto como “director de orquesta”. En el concierto que implica la habitación de los seres humanos, el arquitecto o la arquitecta es un instrumentista diestro que pone su pericia, incluso su maestría, si la posee, al servicio de la gran empresa en la cual consiste el hecho de habitar: un hecho que concierne a la conciencia misma del habitante. Y en el que esa conciencia, que implica a arquitectos y arquitectas, pero no solo, y no en tanto que hacedores de recintos, cuanto uno más entre quienes en ellos desarrollan su vida en común y en plenitud. Cuando se habita entre quienes a duras penas sobreviven, a arquitectos y arquitectas se les hace la luz acerca de lo principal y de lo secundario: del contenido vital y del continente fabricado. 

Dice el Diccionario de la lengua española (Dle) de la Real Academia Española que “dinámico”, en su primera acepción y como adjetivo, es aquello que se refiere a la fuerza cuando produce movimiento. Y, en la tercera y con relación a las personas, añade que son “dinámicas” cuando son notables por su energía y actividad. En este texto, hablamos de una ciudad dinámica, Lima, cuya fuerza provoca movimiento (atrayendo población), y de unas personas dinámicas (los habitantes de sus barrios informales y sus colaboradores). Ellos son, entre otros y en el marco de un Proyecto de Cooperación Universitaria al Desarrollo financiado por la Universidad de Alicante en 2015, dos estudiantes de Proyecto Fin de Carrera de Arquitectura, una aparejadora de la Oficina Técnica y un profesor y una profesora (Coordinadora del Proyecto) del Área de Conocimiento de Composición Arquitectónica. Estos han participado, conviviéndolo, en el proceso de transformación de su realidad urbana, con las herramientas propias de su disciplina: un proceso que ha derivado de hecho en el reconocimiento y consecuente cambio de denominación de “asentamientos humanos” a “barrios culturales”.

Para tratar de explicar estas dinámicas con orden y rigor (el Dle dice, cuando la palabra es un sustantivo, que se trata de sistemas de fuerzas dirigidas a un fin y del nivel de intensidad de una actividad), articulamos el discurso en cuatro escalas, clásicas desde que los primeros contestatarios al urbanismo funcional del Movimiento Moderno (los TEAM X) las reivindicaran para, a través de sus mutuas relaciones, es decir, asumiendo su complejidad, entender y transformar la ciudad desde la experiencia vital de las personas que la habitan. Estos niveles espaciales son: la ciudad, el barrio, la calle y la casa. En cada uno de ellos, además, cruzamos dos perspectivas: la objetiva, entendiendo por tal la que presenta el propio objeto de estudio, y la subjetiva, esto es, la que aportan los sujetos que actúan e intervienen en ellos. Somos conscientes de que, mediante esta serie de aproximaciones sucesivas, apuntamos a una realidad compleja y plural, fragmentada y azarosa, como es la ciudad de Lima.

2. La ciudad

Lima, la capital del Perú, es una ciudad que, en la actualidad, concentra el 31,6% de la población del país (30.814.175 habitantes en 2014). Un 70% de su trama urbana es informal y un 60% de sus viviendas son autoconstruidas, de las cuales más de un 20% están por debajo del nivel de calidad de hábitat declarado por ONU-HABITAT como infravivienda. Y un 28% de la población vive bajo el umbral de la pobreza. Sus principales características son: una fuerte centralidad del Estado y una organización en 43 distritos municipales, con competencias autónomas, que impide la igualdad de oportunidades entre toda la ciudadanía, con la consecuente fragmentación urbana y social; una apropiación del espacio público, en ausencia de planificación; y la segregación entre ricos y pobres, separados por “muros de la vergüenza” cada vez más numerosos. Lima es una ciudad llena de desigualdades y contrastes, donde formas de vida y ocupación diversas conviven a escasos metros de distancia sin ninguna relación mutua. La ciudad informal se ha debido al enorme aumento de la población que, en apenas 40 años, pasó de 2 millones de habitantes a los 10 de hoy en día (el crecimiento en 60 años ha sido del 1100%). Su invasión, obviamente, desbordó la planificación urbanística. Y es precisamente en uno de estos lugares no planificados, tan complejo, pero a la vez tan interesante, donde nos involucramos y desarrollamos nuestro proyecto de cooperación.

Ante la inevitable perplejidad que produce esta realidad, decidimos aproximarnos a ella desde el entendimiento de la ciudad como un gran campo de pruebas, un laboratorio de experimentación donde otras personas, mayoritariamente bajo el formato de colectivos de arquitectura, estaban trabajando con los mismos objetivos que nos movían a nosotros y con metodologías que nos interesaba conocer y practicar. De su mano, pues, fuimos haciendo distintas catas en Lima que, brevemente, relatamos a continuación.

Hemos conocido ocho colectivos multidisciplinares que investigan y trabajan en temas de espacio público y construcción, metodologías de participación e inserción de nuevas herramientas de diseño comunitario. Estos colectivos articulan procesos internos que varían desde la confrontación, el rechazo o la oportunidad académica de investigar e involucrarse en el sistema arquitectónico peruano. Todos ellos tienen en común el compromiso de trabajar en las periferias de la ciudad, entendiendo por tales los distritos olvidados, tanto por políticos como por arquitectos con una concepción académica de la disciplina. Los problemas urbanos de Lima no cuentan con un plan de desarrollo futuro, a causa de la dejación de funciones de los gestores de la cosa pública y del poder ejercido por el lobby arquitectónico peruano. De ahí la importancia de las estrategias y metodologías que desarrollan los citados nuevos colectivos de arquitectura.

Conocimos La Balanza gracias a CITIO [Ciudad Transdisciplinar] que, junto con InFomal y Urko Itinerante, trabaja en el Proyecto Integral Barrios Culturales. Manchay, en el distrito de Pachacamac, al sudeste de Lima, de la mano de IntuyLab, participando como voluntarios en las jornadas de construcción e implementación de pérgolas para generar espacios de sombra en torno a juegos infantiles, donde también colaboraron integrantes de Pasaje140. Desde esta experiencia, conectamos con Mi Barrios Artes, con quienes nos adentramos en los barrios de época colonial del Centro Histórico de Lima, introduciéndonos en los patios y pasadizos de las quintas, actualmente “tugurizadas”, mediante talleres de arte y arquitectura. Accedimos al distrito de Villa El Salvador a través de InFormal, que colabora para elaborar el Plan del Barrio mediante talleres participativos, de uno de los cuales, infantil, formamos parte. En la Universidad de Lima, conocimos el Círculo de Estudios de Urbanismo con quienes organizamos el Foro Ciudad y Participación, que sirvió como plataforma teórica de los proyectos, las metodologías y la gestión. El único colectivo que conocimos directamente en el Foro fue El Cartón, plataforma de asesoramiento y promoción de proyectos individuales.

3. El barrio

La Balanza es un barrio informal en la primera quebrada del Distrito de Comas, al norte de Lima, que se adentra en la cordillera de los Andes. Tiene unos 52.000 habitantes que proceden de las diferentes partes del país (la sierra, la selva y la costa) y que han venido huyendo de la miseria y la violencia. Desde su creación en los años 50, la pobreza, la delincuencia y la desnutrición, además del tráfico de terrenos, han perjudicado, cuando no impedido, el desarrollo equitativo del barrio, generando una fractura espacial, entre la zona consolidada y lo alto del cerro, correlativa del desencuentro social.

Sin embargo, esta concentración de personas con culturas muy diversas, precipitó en los años 90 en la formación de una asociación artística de teatro, La Gran Marcha de los Muñecones, una compañía que creó a su vez en 2001 la Fiesta Internacional de Teatro en Calles Abiertas, FITECA, y que ha transformado La Balanza en un paradigma de Barrio Cultural. Así, la vivienda autoconstruida y la ausencia de infraestructuras básicas conviven con el activo potencial, cultural y urbano, de su vecindario. Colectivos de diversas disciplinas han acudido a este barrio, respondiendo a la llamada realizada por el Cerro del Elefante, que veía que no se caía, y han configurado toda una metodología de trabajo colectivo, dirigidos por la Comunidad FITECA: estrategia a la que se suman, cada año, diferentes agentes comunitarios y culturales.

Tres son los proyectos que se están implementando sobre el barrio. El primero trabaja para cambiar la peyorativa denominación de Asentamientos Humanos por ésta otra de Barrios Culturales, tan sugerente y hermosa. La Comunidad FITECA pone en práctica cuatro modos de acción: transformadora, a cargo de colectivos de arquitectura; cultural, a cargo de artistas y muralistas; de comunicación, por colectivos audiovisuales y de sociólogos, monitores y vecinos; y educativa, que integra todas las anteriores como un todo interdisciplinar para el desarrollo colectivo del barrio. Sus acciones son: eventos, presentaciones y exposiciones; programas de capacitación; proyectos sobre el espacio público y equipamientos colectivos; gestión e investigación sobre vivienda y participación ciudadana.

El segundo proyecto, el Plan Integral, pretende potenciar los puntos estratégicos del barrio como palanca para el desarrollo global del mismo. Está concebido como un recorrido que pasa por todos los barrios de la parte alta del cerro y tiene su centro en el Parque del Tahuantinsuyo. Y ha sido diseñado por todos los agentes implicados a través de los talleres a la deriva, que se basan en el reconocimiento urbano y la creación de imaginarios colectivos, tomando como ejemplo propuestas urbanas situacionistas.

A este respecto, en octubre de 2015, el proyecto Fitekantropus del colectivo CITIO, obtuvo el 2º. Premio de Desarrollo Urbano e Inclusión Social del Banco de Desarrollo de América Latina junto con colectivos del barrio de La Balanza, por “la efectividad en dar respuesta a un importante problema actual que es la reducción de la conflictividad mediante actividades de encuentro entre las personas”.

4. La calle

La calle es la casa de la cultura: el espacio público para la investigación y la acción urbana, la participación, la apropiación, la reutilización y la intervención cooperativa. Es misión de los colectivos y acción de los vecinos llevar a cabo las propuestas que en conjunto se proponen, discuten y diseñan. Metodologías que hablan de derivas, de la calle como espacio escénico para la manifestación del homo ludens y el despliegue de energías y oportunidades que suscita la idea del buen vivir. La comunidad se erige en agente promotor de su propio desarrollo, social y urbano, y defensora de la ciudadanía que, gracias a la Comunidad FITECA, disfruta del arte y la cultura y es protagonista en la toma de decisiones que la afectan.

La Fiesta Internacional de Teatro en Calles Abiertas se celebra en el Parque del Tahuantinsuyo y sin coste alguno para los participantes, con objeto de incentivar el acceso universal al arte. La asociación La Gran Marcha de los Muñecones tiene su sede en las inmediaciones del parque. Y en él asimismo se halla el comedor de San Martín del Once, que gestionan mujeres del barrio y donde más de 180 personas al día acuden para almorzar.

Entre 2012 y 2014, CITIO, el Grupo de Cooperación para el Desarrollo de la Habitabilidad Básica de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y los colectivos vecinales del barrio llevaron a cabo la reconstrucción de este comedor. Se construyó la planta baja del edificio, ampliando su espacio útil, que hoy aloja cocina, comedor, almacén, patio y servicios higiénicos. Esta intervención supuso una mejora sustancial en la calidad del servicio, ya que se pasó de no tener espacio para almacenar los alimentos en el local, a disponer de un amplio espacio de encuentro y relación para la comunidad. A resultas de esta intervención, las mujeres que tienen a su cargo el comedor han recibido el reconocimiento y apoyo de diferentes asociaciones, que impulsan menús saludables, dietas específicas y un mejor conocimiento de la agricultura urbana.

Para 2016, el objetivo que nos proponemos, fiado a la continuidad del proyecto de cooperación y de nuestra presencia en Lima, es la construcción comunitaria de un segundo piso en el comedor de San Martín del Once como catalizador estratégico del desarrollo del barrio La Balanza, que sea modelo de participación e intervención para su regeneración social y urbana.

Para ello, no sólo la construcción se hará en colaboración con el vecindario, sino que también lo habrá sido la confección del proyecto, convencidos como estamos de que, en estos casos, los procesos importan más que los resultados. En consecuencia, hemos llevado a cabo las siguientes actividades: celebración de asambleas comunitarias (AC) para la información y discusión de las primeras ideas del proyecto que se emprende; talleres de diseño participativo (TDP) con los que se pretende hacer aflorar la iniciativa de cada vecino; domingos comunitarios (DC), en los que se pone a prueba la capacidad de trabajo colectivo de la comunidad y se toma conciencia de la apropiación del espacio público como colofón de esa celebración; reuniones bajo el lema de Barrios Culturales (RBC), con objeto de recapacitar sobre lo hecho e imaginar lo por hacer, caracterizadas por el ejercicio de un espíritu crítico y una revisión de los compromisos de todo tipo; y, finalmente, jornadas de mantenimiento (JM), en las que se trabaja en comunidad sobre el valor de cuidar y reparar lo que poseemos, como concepto clave de la sostenibilidad, física y social.

Metodológicamente, es importante asimismo tener en cuenta que todas estas acciones se desarrollan alternándose en el tiempo, de modo que la pluralidad de sus efectos es la que va construyendo la transformación a la que se apunta y que tiene en la arquitectura y el urbanismo no tanto su objetivo cuanto su pretexto. Así, las RBC se celebran cada jueves por la tarde, a modo de junta permanente de apoyo; los DC se han insertado al principio, en medio y al final del proceso; las AC entre ellos, al igual que los TDP; y la JM en penúltimo lugar. La secuencia cronológica contempló por tanto una actividad teórica de reflexión y debate por cada dos actividades prácticas: DC y TDP (acción), 03/05 y 13/06; AC (reflexión), 20/06; DC y TDP (acción), 28/06 y 20/08; AC (reflexión), 23/08; JM y DC (acción), 05 y 26/09 de 2015.

5. La casa

La autoconstrucción de viviendas es un fenómeno socioeconómico que refleja, en cada momento, la situación de las familias que las habitan. En el tejido urbano informal, los habitantes construyen su vivienda con ayuda de la comunidad, sin contar, en la mayoría de los casos, con los conocimientos técnicos mínimos necesarios para la correcta ejecución de una construcción sobre un terreno complicado. Así, los hogares van creciendo por etapas, en función del poder adquisitivo y del número de miembros de la familia.

El primer paso consiste en la construcción de un recinto único delimitado por esteras, sobre una mínima cimentación, en el que convive toda la familia. Posteriormente se acomete su envoltura por prefabricados de madera; luego se consolida y compartimenta la construcción con ladrillo y hormigón armado, que reflejan la ilusión y el deseo de una próxima expansión y consolidación familiar, en la que los aceros a espera del hormigón armado sobresalen por encima de las cubiertas aguardando e invocando un futuro mejor.

Asimismo, la vivienda, en ocasiones, se convierte en un lugar de producción, donde se habilita un espacio, casi siempre lo más cercano posible a la calle, para una tienda o pequeño comercio que abastece al barrio. Se dilata así la vivienda e invade el espacio público, con la apropiación privada de los terrenos dispuestos frente a cada particular, generando un diseño heterogéneo de veredas, parterres y arbolado de vocación anfibia.

La proliferación de estos espacios privados merma espacio libre para equipamientos públicos, zonas verdes y de recreo, haciendo de las calles espacios residuales que han de asumir el papel protagonista del espacio público común. Suelen ser lugares con los que la memoria colectiva se identifica y que, a pesar de su menguado atractivo, se les reconoce su naturaleza primigenia, sustento de las relaciones humanas y de la dinámica cotidiana de sus pobladores. Tales espacios, sin orden ni concierto urbanístico alguno, en ocasiones funcionan como focos de infraestructura urbana, desde los que se abastece de agua potable y redes de saneamiento a la población, y donde el comercio se acomoda, propiciando el encuentro. Son espacios creados a partir de la propia historia del lugar, de las vidas y vivencias de cada migrante, que un día decidió sembrar su vida en este espacio, dando fruto a esta memoria colectiva y a la identidad de este barrio.

Nosotros hemos querido entender estos procesos desde la herramienta que caracteriza el saber del arquitecto: el dibujo. Por eso hemos levantado planos de distintas viviendas del barrio, como la de la señora María, grafiando sus distintas etapas de construcción que se corresponden, punto por punto, con las de su biografía.

6. Lima vivida y compartida

Todas estas vivencias solo son unos pocos ejemplos de nuestra experiencia en el enorme potencial de trabajo e investigación que ofrece cada uno de los barrios de Lima. En cada uno de ellos, con su propia idiosincrasia, alienta el impulso creador y de superación que mueve la historia del ser humano, el cual, siendo social por naturaleza, encuentra en el entorno urbano un lugar para construir un hábitat donde vivir mejor.

Estas realidades han ido poco a poco dibujándose en nosotros, estimuladas por la red de espacios que trenzamos alrededor de toda Lima y por los vínculos que establecimos con sus habitantes, en esta ciudad que ya forma parte de nosotros, y nosotros de ella.

Dice el profesor Laborda Yneva en el nº. 17 de la revista Feminismo/s: “Seguramente nuestra opción estriba en compartir, compartir la ciudad, compartir la vida y tratar de convertir nuestro entorno cercano en fundamento indispensable de convivencia”. Y, en el mismo número de la citada revista, el profesor Ruiz Sánchez “reivindica la ciudad compleja, en su imperfección y dinamismo, frente a cualquier proyección de un proyecto ideal sobre el territorio urbano. La ciudad justa e igualitaria será compleja o no será”.

Nosotros, para terminar, nos permitimos parafrasearlos a ambos: la vida, o es convivida, o no es vida. Y esa vida tiene lugar en la ciudad: compleja, imperfecta y dinámica. Esa ciudad, justa e igualitaria, será compartida o no será.

Tutores: JOAQUÍN ALVADO BAÑÓN (Proyectos Arquitectónicos) + ÁNGEL ALLEPUZ PEDREÑO (Expresión Gráfica Arquitectónica)