New Sealand

Covadonga Maldonado Suárez, Ana Castellano Vidallé
Profesor/es: María José Marcos Torró, Enrique Nieto Fernández
Proyecto Fin de Grado
2017-18
Ilustración, Manifiesto, Formas de Comunidad

Arquitectura retrofuturista, libertad, soñadores, el seastading institute y un programa de ilustración en 3d son algunos de los ingredientes que forman parte de este proyecto final de carrera. Por eso hoy, os damos la bienvenida a New Sealand, la micronación googie situada en el mar del norte.

El mundo es tan grande y está tan lleno de gente, que los soñadores estamos condenados a las utopías. A ideas bienintencionadas y benevolentes con todos, que desgraciadamente siempre fracasarán en su salto de idea a propuesta. Las limitaciones de lo hegemónico y el terrible esfuerzo que supone ser normal acaban ejerciendo tal presión sobre esas propuestas que las desfiguran y reducen a tristes doctrinas que oscuramente tratan de recordar a esa idea original, bienintencionada y benevolente con todos.

El mundo es tan grande y está tan lleno de gente que tarde o temprano comprendemos que también está irremediablemente roto. Fue el hecho de que en la infancia todas las preguntas tuvieran respuestas, lo no nos hizo sospechar de esta desintegración que sufría el mundo que intentábamos conocer a través de todas las cuestiones que planteábamos. Entonces, justo el día que descubrimos esa rotura, se nos acabó la infancia. En la adolescencia, con el corazón roto y el recuerdo de la totalidad intacta que inconscientemente imaginamos de pequeños, nos dedicamos a coleccionar experiencias que nos ayudarían a encontrar el camino correcto ante esta situación. La adolescencia se acaba cuando nos hacemos responsables de la postura que tomamos. A esto último también se le llama madurar.

Contra esta fragmentación se impone la moral universal, que incansablemente trabaja para reunificar nuestro mundo desde la creación de lógicas dicotómicas que buscan estandarizar las soluciones a los problemas. A pesar de la dificultad de este reto, el método resulta sencillo: se trata de recortar el problema, reducirlo a su propuesta más simple e inscribirlo en lo que podría ser una especie de formulario genérico que, tras una serie de torpes clasificaciones, acabará dando una solución incuestionable empapada de nostalgia cósmica y deseos de unificación. Desafortunadamente, la desconsideración de las subjetividades, aunque muy conveniente para simplificar el método, significa una condena a las particularidades, una opresión que se ejerce desde lo que se define universal hacia lo diferente, que resulta personal y subjetivo.

Desde otro lado, escapando de la imposición de una moral universal pero aún con el recuerdo del mundo sin fragmentar, hay quienes consideran cada fragmento como pequeñas maquetas de ese misterioso conjunto original.

Aunque parciales e inexactas, cada una de esas maquetas gobernadas por sus propias subjetividades se convierten en laboratorios de experimentos que suceden a una escala diferente, y por tanto, también sufren un cambio en sus parámetros: lo particular sustituye a lo universal. Inscrita a esta construcción surge la idea de New Sealand.

New Sealand, muy relacionada con concepto de micronación, nace como una ensoñación de libertad, un experimento que idealiza el futuro pero no quiere dejar de trabajar para cumplir con las expectativas de ese admirado porvenir.

Como cualquier googie que se precie, con los pies en la tierra y mirando al cielo, se van eligiendo muy cuidadosamente todos los ingredientes que formarán parte de este experimento que se da lugar en una plataforma de defensa naval abandonada a unos 20km de la costa inglesa.

Entonces, nacidos de una colección de nuestras inquietudes e intereses, tanto como futuras arquitectas y como personas, uno a uno fueron surgiendo los singulares personajes, que ya maduros y alejados de ser simples inquietudes comienzan a colonizar el lugar y acaban adueñándose del experimento.

En este contexto, la arquitectura es contenedor y contenido, una ecología facilitadora de interacciones entre personas, tecnologías, máquinas, naturalezas, arte, música, colores, sabores, sueños y pesadillas, etc. todo ello desordenado y armonizado desde la subjetividad del tiempo. Esto concede a cada personalidad la capacidad de juzgar la idoneidad de los diseños, que lejos de ser estáticos, se convierten en un poema anónimo hecho por todos y aún por hacer, que se perfecciona en el tiempo gracias a las modificaciones y aportaciones de cada habitante. Y este poema, esta arquitectura en la que ellos conviven, resulta ser el punto donde convergen las personas y surge la comunidad, el nexo de unión de tan dispares identidades que con discrepancias y afinidades, trabajan en colaboración para que esa comunidad sea la mejor versión de sí misma, y desde ahí sentar las bases de un futuro que admira el progreso y confía a la tecnología y a los avances el papel de proveedores de bienestar y fuerza, que es en cierto modo el mismo futuro que los googies soñaron y nunca llegó.

El mundo está irremediablemente roto, aunque además es tan grande y está tan lleno de gente que resultaría desgastante, y a pesar de cualquier esfuerzo, también imposible volver a recomponerlo. En esta circunstancia lo importante no es el descubrimiento de esos fragmentos, sino lo que hacemos cada uno con ellos, pues en parte eso es lo que nos define como personas.

Tutores: ENRIQUE NIETO FERNÁNDEZ (Proyectos Arquitectónicos) + MARIA JOSÉ MARCOS TORRÓ (Proyectos Arquitectónicos)